*Los señalamientos hacia la conducción de Luis Carbonell ponen en discusión la distancia entre el discurso de renovación y el trato a las bases que construyeron el partido.

Veracruz.— El desgaste de un partido también comienza dentro de sus propias filas: cuando sus bases reclaman abandono, el trabajo territorial pierde reconocimiento y las decisiones generan exclusión en lugar de participación. Ese es el cuestionamiento que enfrenta la dirigencia de Movimiento Ciudadano en Veracruz, encabezada por Luis Carbonell de la Hoz.

Las inconformidades expuestas apuntan a una conducción que, según los señalamientos, está dejando de lado a quienes sostuvieron el proyecto en comunidades y municipios, mientras abre espacios a perfiles procedentes del PRI y de otras estructuras de la política tradicional.

El problema merece una discusión estatal. La responsabilidad de la dirigencia comprende mantener contacto con sus estructuras municipales, escuchar a la militancia y explicar cómo se distribuyen las responsabilidades. Cuando ese vínculo se deteriora, las nuevas incorporaciones difícilmente compensan la pérdida de confianza de quienes ya estaban trabajando.

Movimiento Ciudadano sostiene un discurso de renovación. Por eso debe responder con claridad ante las acusaciones de que reproduce prácticas que cuestiona en otros partidos: grupos cerrados, decisiones personales y preferencias que relegan la trayectoria de sus bases.

Incorporar personas con experiencia en otras fuerzas políticas puede ampliar un proyecto. Pero, si esa apertura ocurre a costa de quienes construyeron la organización, termina convirtiéndose en un motivo de división. La pregunta para Luis Carbonell es qué criterios aplica y cómo garantiza que el trabajo territorial tenga un reconocimiento efectivo.

Una muestra pública de este malestar es la publicación de Ángel Federico Álvarez Medina, quien denunció en redes sociales exclusión y división interna tras una reunión en Cosamaloapan, y afirmó que existen compañeros de otros municipios en circunstancias semejantes. Su testimonio ilustra el reclamo, aunque no permite establecer por sí solo su alcance en todo Veracruz.

El fondo del cuestionamiento es la calidad de la conducción estatal. Una dirigencia se evalúa por su capacidad para organizar, escuchar y resolver diferencias, además de realizar nombramientos y anunciar adhesiones. Si las bases se sienten abandonadas, corresponde atender las causas y explicar las decisiones.

Las denuncias de desplazamiento también plantean un riesgo político: debilitar a quienes mantienen el contacto cotidiano con la ciudadanía. Ninguna estructura puede sostenerse únicamente con figuras visibles si pierde la participación de las personas que trabajan en las comunidades.

Los referentes nacionales de Movimiento Ciudadano, entre ellos Dante Delgado Rannauro, tienen ante estos reclamos una oportunidad de escuchar y revisar la situación veracruzana. No hay elementos para afirmar que desconozcan lo ocurrido; sí existe una exigencia pública de atención.

El material disponible no incluye una respuesta de la dirigencia a estos señalamientos. Documentar los casos y conocer su postura permitirá precisar la extensión del problema. Mientras tanto, las denuncias colocan sobre la mesa una obligación política: rendir cuentas también hacia el interior del partido.

El desgaste no se resuelve con fotografías ni con nuevos nombramientos. Movimiento Ciudadano necesita responder a los reclamos de abandono, reconocer a sus bases y demostrar que la renovación que promete comienza en su propia dirigencia.